La enfermedad tiene un manifiesto poder igualatorio: afecta a todos por igual; ricos, pobres, famosos, anónimos, exitosos, fracasados, cultos, incultos,... sean cuales sean sus condiciones, todos los seres humanos están expuestos a sufrir los mismos males, con los mismos efectos sobre su vida. Por ello, TODOS podríamos, en algún momento de nuestra vida, necesitar un transplante de órganos.
Pero es difícil comprender éste hecho cuando uno se encuentra sano y pletórico de vida. Hay quien sólo es capaz de asumirlo cuando un médico, severamente, le da la peor noticia de su vida. Únicamente entonces se produce ese "click" en la conciencia, que da lugar a un cambio radical de mentalidad.
TESTIMONIO DE RAFAEL ÁLVAREZ,
Transplantado de hígado en el hospital Virgen del Rocío.
REVISTA LA VOZ DEL COFRADE, Ed. XII
2008

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